junio 7, 2010
julio 13, 2009
Cuevas y Botero por Thirion ( II )
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julio 12, 2009
Cuevas y Botero por Thirion ( II )
Botero es más famoso que cuevas.Así por Cuevas, se pierde para Mexico el ser el centro del arte de Latino América.Así lo dice Wikipedia.Fernando Botero Angulo es un pintor, escultor y dibujante colombiano nacido el 19 de abril de 1932 en Medellín (Antioquia). Considerado el artista vivo originario de Latinoamérica más cotizado actualmente en el mundo. Icono..
las figuras emblemáticas del arte latinoamericano actual,dice Mejía,y más adelante afirma
Siempre hubo un denominador común entre los conceptos artísticos y las obras de ambos,
Veta Cuevas a Botero por no reconocerlo
16 Jun 2008 … El pintor mexicano José Luis Cuevas asegura que el colombiano encontró e hizo de la obesidad un estilo gracias a él.
www.reforma.com/cultura/articulo/446/891885/
Me puse a inbestigar un poco sobre lo que se dice de Cuevas y Botero,esto es lo que hay por ahí.
sábado 25 de abril de 2009
ESTRAGOS DE LA DIOSA PERRA
CUEVAS EN XALAPA
Nadie sabe cuál artista es más repetitivo y aburridor: Fernando Botero o Cuevas (¿se llama Fernando Cuevas? Ya no me acuerdo). Se está presentando una exposición de grabados o algo así de Cuevas en Xalapa. La sala Ramón Alva de la Canal casi vacía. Los ¿cuadros?, ¿grabados? insisten en repetir los mismos rostros, los mismos cuerpos, las mismas figuras grotescas que lleva décadas vendiendo a algunos ignorantes. La exposición se llama, sospechosamente “Cuados pintados durante el coito” o algo así. Título sospechosamente parecido a los de mis libros Cuentos para después de hacer el amor, Cuenos para antes de hacer el amor, Cuentos EN LUGAR de hacer el amor (El imperio de las mujeres). Rostros inexpresivos, cuerpos deformes. Lo que podría ser una provocación (cuadros en los que se pintaran escenas eróticas de gran intensidad) resulta ser aburridor: nada especial, nada original, una sensualidad aburrida, sosa. Cuevas enamorado le pidió a su nueva esposa que aplicara color y efectivamente en las cuados hay un tono amarillento que se repite como fondo, sin matices. Platiqué con un admirado artista plástico xalapañeno cuyo nombre no registro para no involucrarlo en críticas que podrían perjudicarlo ante la institución en la que trabaja –que fue, de paso, la que trajo a los Cuevas a Xalapa– y él coincidió conmigo: Cuevas ya no experimenta, ya no se arriesga, cayó en la fosa que le abrió la Diosa Perra, la fama. Y sin embargo… fundió una de las estatuas más impresionantes del siglo XX: La Giganta. Me temo que el destino de los que alcanzan la gloria es repetirse, dormirse en los amargos laureles, convertirse en esperpentos sociales.
Publicado por Marco Tulio Aguilera a las 13:47
Etiquetas: Diario de MT, fama, Fernando Botero, Jose Luis Cuevas
Con esto recuerdo queunos días antes de morir Lourdes Chumacero,estando en su Galería de la Zona Rosa,viendo mi obra ,dijo lo mismo;”Cuevas es lo mismo y lo mismo”,ella estubo muy interesada en representar mi obra pero falleció,desafortunadamente.
El artista plástico colombiano Fernando Botero, ha realizado 79 obras sobre la tortura a prisioneros en Abu Ghraib que expone en el museo de la American University en Washington DC. Botero ha declarado que el motivo de la realización de estas obras no es otro que el de “sacarse la rabia” ante una conducta “inaceptable” del Gobierno estadounidense.
Durante la estadía en Washington, Fernando Botero conoció a José Luis Cuevas. Ambos artistas permanecieron allí en contacto permanente durante una temporada, intercambiando ideas y discutiendo conceptos. Cuevas era un artista cuya obra, ya definida por el enfoque particular con que acometía su temática, estaba a punto de sufrir un cambio notable en su estructura plástica. Un dibujo suyo fechado el 29 de marzo de 1957, titulado Mujer y hombre observando un trozo de carne, nos presenta claramente esta transición: mientras el tronco de la mujer a la izquierda es una mancha que apenas sugiere volumen, tanto sus extremidades como el delineamiento del rostro poseen la expresa debilidad y roto esquematismo del período que empezaba a superar; por su parte, el robusto hombre de la derecha era de un volumen y un peso tremendamente densos como los que han caracterizado a sus dibujos desde entonces. Botero y Cuevas coincidían en el momento, no sólo en el carácter transitorio de sus trabajos, sino en la búsqueda que ambos realizaban (Botero a partir de Piero y Cuevas a partir de su recién descubierto Mantegna) para dotar a sus figuras de la fuerza plástica que convenía a sus propósitos expresivos. El hombre del dibujo mencionado de Cuevas y el personaje de Botero en El festín de Baltasar, se parecían de muchas maneras en su aspecto exterior. No así en su interior, en el concepto que separaba a uno del otro: mientras la figuración de Cuevas se cargaba de pathos, Botero ya daba señales de su objetividad inconmovible (12) . De Washington el colombiano pasó a Nueva York para conocer el ambiente de una ciudad que ya era el centro indiscutible del arte contemporáneo del mundo capitalista, quitándole tal privilegio a París. Aunque ya estaba declinando nacionalmente, 1957 fue el año en que el expresionismo abstracto de De Kooning, Pollock y Kline alcanzo la cumbre de sus repercusiones mundiales. El Botero que cuatro años antes estuvo en París y que se permitió ignorar a Soulage y Hartung, resultó ahora sacudido por las obras de los norteamericanos. En el fondo, todavía estaban presentes en él aquel romanticismo torturado de sus comienzos y cierta inclinación por el expresionismo. En De Kooning, el pintor que más lo atrajo, Botero encontró realizado plenamente lo que en Nolde y Orozco se cargaba de excesos dramáticos.
Creo que estos son los puntos más interesantes de este escrito:
En La enana (1957) Botero trabajó cautelosamente procurando evitar esta inconsistencia, pero no llegó muy lejos. Sin embargo, en esta pintura se manifestó como hecho importante su alejamiento de Obregón. Alejamiento manifiesto en el abandono de la fragmentación de pianos que, a la manera de Braque, situaban en el exterior todos los detalles de la composición. En La enana, la cabeza era del tamaño del tórax, pero las partes del rostro guardaban una relación normal entre ellas. La altura se acortaba por la expansión de la forma hacia los lados, pero esta expansión era tímida y ambigua, soslayando la posibilidad de que la masa adquiriera la forma que exigía la tremenda gravedad de su peso. Botero encontró, en este punto de su trayectoria, que todo el empeño lo había conducido a una zona, nunca prevista, en la que florecían lo monstruoso y lo feo. Su primera reacción fue de rechazo al sistema plástico que le daba su razón de ser a estas criaturas. De allí que La enana nos parezca sentada pero de un modo que el escorzo no define muy claramente. Un recurso para presentar, justificar y negar a un mismo tiempo su estructura anatómica. Como consecuencia de este rechazo, el título de la obra se puede entender entonces como un pretexto literario, tras del cual se escudaba el artista para explicarnos, en un arranque naturalista sin fundamento, la deformación evidente. La preocupación por eludir el feísmo la resolvió Botero con el uso decorativo del color y con un inexplicable alejamiento, en el caso de La enana, de las posibilidades monumentales que el hallazgo inicial ofrecía teóricamente. Fue este el origen del nuevo período cromático que entonces se inició y del énfasis fallido con que pretendió naturalizar ese humor que ya era inherente a su figuración. Del mismo modo que en La enana trató de normalizar las deformaciones contrapuntísticas, en Don Nuño Bufón (1957) se propuso darle origen a la sonrisa espontánea que siempre acogía sus pinturas.
12 El encuentro de los dos artistas en Washington y a gran aproximación formal entre sus obras durante el período expresionista de Botero, 1959-1962, ha dado origen a especulaciones según las cuales la figuración del colombiano se derivé de la del mexicano. En la edición de México en la Cultura, Suplemento de Siempre, de marzo 10 de 1971. CUEVAS declaró refiriéndose al año 1958: “Por esa época empecé a ejercer influencia. El colombiano Fernando Botero, por ejemplo, ‘estrené’ su conocido estiló después de ver una exposición mía en Nueva Nork en la que presenté mi Homenaje a Mantegna. Después Botero recibirla la influencia hasta de ‘oídas’, pues constantemente se informa de lo que estoy dibujando”. Creo que el análisis detenido de la trayectoria de Fernando Botero que aquí ensayo, desvirtúa ampliamente la megalomaníaca acusación del mexicano.
Bueno, muy bien y que es lo que dice la gente?que es lo que opina el pueblo?
por que esto es lo realmente importante,El pueblo siempre tiene la razón.
Pregunta;Tu consideras el trabajo de Jose Luis Cuevas como una obra de arte?
Según Cuevas, el estilo pictórico del pintor colombiano Fernando Botero fue adoptado por éste tras inspirarse en unos dibujos de Cuevas que vio en NY. Foto: Archivo/Excélsior
Conforme voy avanzando en mi indagación en torno a la obra de Botero y Cuevas encuentro más cosas sorprendentes,como estas!.
Y es que como dice “Don Toño”,Todo viene del dinero y toda va al dinero;Desde 400 a 450.000 dólares, arte latinoamericano para todos los bolsillos.
En mi opinión como negocio deja mucho que desear,es mejor el Futbol,el Real Madrid,pagó 98.000.000 de euros por Cristiano Ronaldo,esto nos da una idea.
La obesidad, un problema de salud pública en México
De los 32 millones de adultos con sobrepeso en México, cinco millones están en riesgo de convertirse en pacientes diabéticos en los próximos cinco años, según la Organización Mundial de la Salud
Pero a Botero solo le da un gran placer.
Mi Respuesta al Artículo "Entre Cuevas y Botero"
Alberto Thirion
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julio 3, 2009
Artistas Chicanos

Santa Barraza, pionera de “La Causa”
por Silvia Fernández Hernández*
Foto:
Santa Barraza es una de las fundadoras del Arte Chicano. Esta artista plástica se dio a conocer ampliamente en el medio mexicano en 1979, durante el intercambio de ideas y experiencias entre los artistas mexicanos y los artistas chicanos. Fue muy importante ese encuentro, porque abrió un camino sólido de colaboración y entendimiento. Santa Barraza se revela entonces como una artista de gran iniciativa al emprender una lucha por “la causa”, la del movimiento chicano, la lucha por ser vista y escuchada. Esta postura es la que define gran parte su obra.
En México, la pintura de Santa Barraza es muy significativa si la analizamos a partir de tres parámetros: el de la ruptura de los límites geográficos oficiales impuestos a la cultura de la región; el de la influencia de los pintores mexicanos en los pintores Chicanos; y el de la resimbolización como bandera de “la causa”.
La ruptura del cerco cultural oficial
Durante la primera mitad del siglo XIX, el interés de los pintores viajeros que llegaron a México se centró en plasmar las “vistas” de plantas, animales, gentes, costumbres, rincones urbanos y ruinas arqueológicas, No rompieron con el interés romántico de la época, al cual le interesaba captar lo nuevo, lo exótico que aportaba el continente americano.
A principios del siglo XX, Leopoldo Batres inició los primeros estudios arqueológicos serios en Teotihuacan. Sin embargo, prevalecieron, tanto en Batres como en sus colegas contemporáneos, criterios europeos de análisis e interpretación de las culturas prehispánicas. En 1943, el antropólogo alemán Paul Kirchhoff sentó las primeras bases para el estudio y la comprensión de las culturas precolombinas, al usar tres conceptos esenciales para delimitar y caracterizar grandes áreas culturales, a las cuales identificó como Mesoamérica, Aridoamérica y Oasisamérica.
Durante las décadas siguientes, algunos arqueólogos y antropólogos aplicaron mecánicamente los conceptos de Kirchhoff, al concebir las tres áreas culturales encerradas en límites geográficos específicos y con poca relación entre sí, forjándose de esta manera la versión oficial de estas culturas: Mesoamérica, que ocupaba el área continental del centro y sur de México y buena parte de Centroamérica; Aridamérica, localizada en los semidesiertos mexicanos que comprenden los territorios actuales de Baja California Norte y Sur, Tamaulipas, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí; y, finalmente, Oasisamérica, que fue una mancha verde en medio del desierto que se tiende entre los Estados Unidos y México, desde Arizona y Nuevo México hasta Sonora y Chihuahua.
Así, mientras la escuela mexicana de antropología centraba sus esfuerzos en el estudio de Mesoamérica, los artistas chicanos, entre ellos Santa Barraza, con su movimiento por “la causa”, fueron aportando importantes testimonios y símbolos de las regiones de Aridoamérica y Oasisamérica, hasta que, con su obra, casi obligaron a los arqueólogos y antropólogos mexicanos a volver la vista hacia el norte en los años ochenta. Fue entonces cuando se aceptó que las áreas culturales no constituían universos cerrados, que tampoco eran completamente distintas entre sí, como lo prueban innumerables objetos recién descubiertos que muestran rasgos comunes, y que inclusive, ofrecen ya con claridad un testimonio de los contactos comerciales entre las tres áreas. De esta manera, fue puesta en entredicho la “exclusividad” de la historia de la época prehispánica, argumentada hasta entonces por los mexicanos.
Es interesante notar que Santa Barraza, quizá la más tenaz en su cruzada por encontrar sus raíces culturales, por reafirmarlas, haya centrado su búsqueda en la tradición oral. Esta larga transmisión de mitos, de historias repetidas una y otra vez, de generación en generación, por los miembros de la familia para conservar la cohesión y la memoria histórica de su grupo étnico, adquieren toda su dimensión cuando ponen de relieve la cuestión de que no se puede olvidar ni menospreciar el peso de los siglos precolombinos y coloniales que le dieron vida propia a la región antes de su anexión a Estados Unidos.
En la pintura que Santa Barraza llamó “La diosa del maíz y la Llorona”, logra la artista sintetizar dos momentos históricos, el prehispánico y el colonial. En ella la autora toma iconos de la escritura náhuatl y enmarca sus imágenes como códices; usa la numeración prehispánica de puntos, así como múltiples símbolos: el sol, con un círculo cruzado por los rayos solares; el frontalismo de las figuras humanas; la descripción de la flora y la fauna, compartiendo este rico universo con la imagen colonial de la Llorona. Otras pinturas representan también este concepto, tales como: “ Códice II”, “La Llorona II” y “Fertilidad”.
La influencia de los pintores mexicanos en los pintores chicanos
Foto:
Indudablemente, la pintura mural mexicana a principios del siglo XX logró trascender como el arte más significativo de nuestro país. Por diversas circunstancias, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera realizaron importantes obras en los Estados Unidos, además de desarrollar múltiples relaciones con los pintores estadounidenses (como la de Siqueiros y Jackson Pollock), pero fue con los artistas chicanos con quienes lograron formar escuela.
Mientras la nueva generación de pintores mexicanos en los años sesenta (José Luis Cuevas y Vicente Rojo, entre los más destacados) se ufanaban en pregonar que la Escuela Mexicana de Pintura había muerto y que sólo el arte abstracto tenía sentido, el movimiento artístico chicano retoma el estilo y los símbolos de la pintura mural mexicana. Prolifera la pintura mural para delimitar los barrios de La Raza, así como los elementos del paisaje y surrealismo mexicanos, que marcaron el inicio de todo un movimiento artístico de gran importancia en la historia de los Estados Unidos.
En la obra de Santa Barraza podemos apreciar esa influencia en la manera en que la autora resuelve sus figuras siempre inmersas en un paisaje, especialmente en el uso tan destacado y personal con el que trabaja la planta del maguey, que da a sus representaciones un aspecto magnífico. Podemos también observar una clara influencia de Frida Khalo en el uso que hace de la efigie femenina como el centro de la composición, siempre en un primer plano, como las figuras que nos presenta la artista en: “Retablo de la Llorona II”, “La Malinche”, “Desnudo con Alcatraces”, entre las más destacadas.
La resimbolización y la bandera de La Causa
El movimiento artístico chicano nos ofrece una resimbolización de los elementos culturales mexicanos; la llamamos resimbolización porque no es ni una copia ni una recreación, como pretenden algunos críticos. La resimbolización va más allá de lo formal, pues se presenta acompañada de relaciones nuevas, de esa parte de la historia chicana que no se había tomado en cuenta hasta que artistas como Santa Barraza empezaron a hacerlo.
“Nepantla” es una obra muy significativa, porque nos muestra el maguey, el nopal y los alcatraces como las raíces de las cuales emerge una mujer indígena, que por su estatura y su peinado nos refiere a las mujeres indígenas del norte del país. El rico colorido de su atuendo con grecas nos recuerda la decoración de las vasijas del desierto. Lleva en su espalda dos grandes símbolos: la Virgen de Guadalupe y la greca azteca, la Virgen como la madre de todo un continente que se asoma al mundo, ya no flanqueada por ángeles, sino por la greca azteca. Esta mujer de espaldas, con su colorido, su bordado, su tradición, es una imagen bella y fuerte.
Con “La lupe lejana” nace una obra otra vez con el maguey, la planta por excelencia del desierto. Lupe nos mira de frente, con un manto bordado a la usanza indígena y tiene tras de sí el pasado prehispánico como si fuera una nueva diosa.
“Mi mamá con maguey” cierra esta especie de trilogía en donde la ascendencia directa remite de nueva cuenta a la tierra, a la planta y a la familia, la cual, aún si vive en una sociedad moderna estadounidense, no ha perdido nunca sus raíces.
Para la historia del arte mexicano contemporáneo, la obra de Santa Barraza es una muestra valiosa de testimonio, cargada de símbolos y a la vez de fuerza. En su arte, logra la autora, en virtud de sus convicciones, brindarle a su pintura un carácter auténtico y sincero.
* Profesora de Arte
CEPE-UNAM, México, D.F.
abril 13, 2009
Alberto Thirion;El Artista Más Famoso ?
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Alberto Thirion sin Museo
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